Anti-Virus || °•最初ˢᵃᵍᵃ•°
✽𝐎𝟐✽
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✽Silencio sepulcral✽
二
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- Angel...-
No me asustaba lo que sea que José quisiera hacerme sentir al pronunciar mi nombre a modo de regaño, de hecho, solo emití un chasquido con mi lengua antes de ignorarlo por puro respeto, el también es centro de mis burlas y no dejará de serlo por un regaño.
Creo que no me presenté, mi nombre es Angel Pineda, tengo 15 años y voy en noveno grado. Mi apariencia es desalentadora en comparación a lo que probablemente se imaginan, no soy el fuerte y atractivo protagonista de la historia, de hecho, soy todo lo contrario, soy alto y grueso, sufro de sobrepeso así que como ya se seguro se imaginan, estoy gordo. Mi cabello es oscuro, yo diría que negro opaco y grasoso, pero luce reseco, usualmente pegajoso en el mal sentido, liso y desordenado, además de corto; tengo ojos café, nada que pueda presumir, mi cara es la viva representación de "un campo minado", como dice Sara, ya que poseo interminables cantidades de asqueroso acné, que también ha dejado orificios en mi piel. No visto de una forma particularmente agradable, uso el uniforme de nuestra escuela, siempre con mi mochila detrás por miedo a que roben algo de su contenido, llevo una mariquera con mis lápices y otras cosas, y el carné que me identifica colgando de mi cuello.
¿No les hago ilusión verdad?
Al igual que Sara, no me llama la atención el "destacar", de hecho, no se me da para nada bien la socialización en comparación a ellos.
Creo que la razón por la que se ma daban tan mal las relaciones es gracias a aquel muro, o al menos eso pienso ahora, ya que solo dos personas llegaron a intentar acercarse a mi, los dos que a pesar de no compartir largas conversaciones conmigo, aún me incluyen en sus actividades.
En fin, iré al grano con esta narración, porque hey!, No acostumbro a darle vueltas al asunto, y es un tanto incómodo tener que narrar está historia, una que en realidad solo conozco a la mitad, así que tal vez no es del todo cierta, la gente suele inventar alguna cosa para hacer sonar algo interesante, y se que Sara y José no son la excepción...
De hecho estoy seguro de que se besaron en algún momento, o tal vez no lo estoy, pero algo más sucedió, algo que se negaron a contarme.
Tal y como ya les había comentado, estábamos al interior de una habitación no muy grande, pero tampoco pequeña, escasa en espacio a la hora de caminar por la gran cantidad de banquillos de madera desperdigados a lo largo y ancho de los pasillos, más con la posesión de un eco lo suficientemente fuerte como para hacer sencillo que nuestras voces se hicieran audibles para nuestros compañeros al exterior.
Varios minutos después de que José me "regañara", seguimos con nuestro acostumbrado (y en mi caso incómodo) silencio, que se hacía más y más asfixiante con cada segundo, entre más marcaba el sonido de las manecillas del único reloj, que colgaba junto a un pendón que representaba los nombres de los cientos (no recuerdo la cantidad exacta) de huesos en el cuerpo humano.
El silencio en el aula se hizo tan profundo y calcinante, que podíamos escuchar el alboroto de afuera, que por cierto, al ser en este lado de la escuela no era mucho en realidad. Justo por eso, escuchar un grito como el que irrumpió en nuestro silencio, y que tras ese se escuchasen quien sabe cuántos más, fue un sonido sin dudas tétrico y martirizante.
Pero no sé que fue más aterrador, joder que no lo sé.
Justo tras aquellos gritos y alaridos de agonía que, por las caras de los chicos, supe que no solo a mi me helaron la sangre; se hizo un silencio sepulcral, uno Incluso más profundo que el anterior a los gritos, no existía ruido alguno aparte del producido por nuestra respiraciones, ya que el ventilador que nos refrescaba, se apagó cuasi durante el bullicio. Entonces, ¿Qué me resultó más aterrador que los gritos?, Es una respuesta demasiado simple si lo piensan con detenimiento, aquí en Barranquilla el bullicio es una costumbre, más en nuestra escuela, por lo que aquél silencio generaba un horroroso escalofrío en mi médula espinal a cada segundo que remarcaba su presencia, como si todo rastro de vida se hubiese desvanecido cuál polvillo arrastrado por la ferocidad del viento.
El laboratorio de la escuela era aislado, pero no tanto, los que estaban dentro podían sentir la mayoría de sonidos provenientes de afuera de este. Así que aquel frío silencio era una rareza entre rarezas, pero está en específico, en una ciudad tan ruidosa como la suya, era más bien perturbador.
Creo que me dejé llevar por la estupidez, osea, por obvias razones, si escuchas gritos así, lo más razonable es esconderte y esperar a que el universo no te explote en la cara, pero, guiado por un impulso desconocido, una sensación electrizante que recorría cada fragmento de mis sentidos, sin darme cuenta, ya estaba empujando la puerta, ignorando las voces de mis amigos que clamaban porque la mantuviese cerrada, para así toparme con la nada, un tormentoso vacío donde no se hallaba ni alumnos, ni profesores, ni cualquier otro ser vivo aparte de nosotros.
Tragué pesadamente antes de emprender el paso, traté de aparentar seguridad al salir por completo para llamar la atención de Sara y de José, ambos me observaban con incredulidad por mi comportamiento ante una situación tan escalofriante, pero tras ver qué nada malo me sucedía aún, José tomó impulso, levantándose con el mismo, abandonó su escondite, y tiró de Sara para traerla junto a el, topandose con el frío del aire exterior, el ambiente natural de una ciudad costera por la mañana, cuyos habitantes no se hallaba en la zona.
Todos comenzamos a buscar algún otro rastro de vida en el abandonado territorio escolar, nada, ni en los salones, ni en dirección, patios, canchas, comedor: todo estaba completamente abandonado. Voltee por instinto en dirección a mis amigos, Sara temblaba como corderito recién nacido, relamía sus resecos labios cada tanto, y su diminuto cuerpo hacia el esfuerzo por no dispararse en dirección a una huída sin fundamento. Halló un buen escondite o tal vez solo se sentía segura, pero desde que descubrimos la ausencia total de personas, mi amiga castaña nunca se despegó de José, rodeando con sus delgados y diminutos bracitos el más grande de José.
Comenzó a balbucear incoherencias en un tono bajo y apenas audible, su voz flaqueaba por el miedo, un miedo que se hacía contagioso, o eso pensé al notar como la paranoia se transmitía a través de la expresión en el rostro de José, traté, y creo que conseguí hacerles creer que su terror no me importaba, creo que buscaba algo llamativo en el sitio para olvidar la situación que se presentaba, y lo conseguí al notar como el Quiosco estaba abandonado también.
- ¿D-donde están todos?- la pregunta de Sara, en ese tono, fué como un balde de agua fría, creo que el pánico se había apropiado de su cuerpo, cosa que me hizo lo suficientemente consciente como para aclarar mi mente, si José era un punto medio y Sara una tremenda pesimista, yo debía mantener ese equilibrio a pesar de todo.
Debía ser optimista, un soporte emocional.
Yo la ignoré y alcé la voz- Hey, hasta el Quiosco está abandonado, ¡Comida gratis!- entonces por el instinto que suele empujar a las personas como yo, me introduje en la pequeña construcción que publicitaba a una empresa de gaseosas, agarré una hamburguesa y le dí un mordisco bastante grande.
Agarré más comida y la metí en mi mochila, no iba a perder la oportunidad de llevar comida gratis conmigo, y teniendo en cuenta que no había nadie y el quiosco estaba abierto, simplemente nos dejaron la comida en bandeja, no se puede desaprovechar, ¿No?
Por las caras de mis amigos, deduzco que no...
Pero igual los ignoré y seguí en lo mío gente, ignorando como Sara continuaba temblando y como José me miraba con repudio por mi comportamiento... Ok, tal vez no los ignoré.
Creo que la cara de Sara seguía expresando la curiosidad que siempre le hubo caracterizado, pero en esta ocasión, no era una curiosidad de interés, era más bien, la curiosidad que nace de la preocupación, en este caso, terror, y por la forma en que las Manos de José temblaban, supuse que el también estaba aterrado.
Dejé de mirarlos para seguir con lo mío, o al menos lo intenté, por una mera corazonada alcé la vista en dirección de los chicos, solo para hallar expresiones aún más pálidas y espantadas en sus rostros, casi me sentí intimidado, cerré mi bolsa y la colgué en mi espalda con lentitud, mientras sus caras se llenaban de, todavía más pánico.
José inhaló con tanta fuerza Que asustó a Sara, creo que lo hizo para ahogar su espanto, pero todo ese aire que acumuló, lo liberó en un instante tran lanzar un grito que me hizo brincar del susto, quedé desconcertado y no me moví de mi sitio a pesar de que me pidió que lo hiciera, si, eso hizo al gritar...
- ¡¡ANGEL CUIDADO!!-
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❝主人公❞
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Capitulo número 2 completado.
Las actualizaciones de esta historia serán algo lentas, pues tengo muchas más historias aparte de esta.
Espero que les vaya gustando el curso que lleva está historia, muchas gracias por leer.
♔- ⃟ ⃟𝐐𝐮𝐞𝐞𝐧❞⸙°~
Wow esto esta demasiado interesanteee!
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