Anti-Virus || °•最初ˢᵃᵍᵃ•°

✽𝐎𝟏✽


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✽𝐋𝐨𝐬 𝐏𝐫𝐨𝐭𝐚𝐠𝐨𝐧𝐢𝐬𝐭𝐚𝐬✽

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La tarea de ser un estudiante en una escuela latinoamericana era compleja para los inadaptados.

Vivir en constante superioridad, no egoísta, sino intelectual, estar en un nivel demasiado avanzando para los que lentamente eran arrastrados hacia atrás por su falta de conocimiento para ser rebasados por las mentes maestras en todo su esplendor, o eso parecía, ellos solo eran ligeramente más aplicados.

"Los verdaderos genios destacan menos".

Y ella era uno de ellos, pequeña en fuerza, energía, peso y estatura, castaña oscura semi-rojiza de ojos brillantes en color café, delgada a más no poder, con ojeras pronunciadas, resaltadas por un remendado par de lentes de marco rectangular con adornos florales. La prodigio con pocos o nulos ánimos por destacar entre la multitud con calificaciones gratificantes, no ocupaba un puesto muy superior en la lista de su grado, tampoco uno muy inferior, ella era "normal" en un errado sentido.

Era feliz por no tener que destacar, vivir en una burbuja de conceptos errados impuestos por la misma sociedad, se adaptó a eso desde que el bullying se hizo parte de su rutina, y los estereotipos parte de su cotidianidad, logrando que, por sus calificaciones y su extraña forma de hablar, la gente comenzara a restarle importancia a su mera existencia, dejando de ser el foco de atención que años atrás hubiese amado ser.

Pero no era la única en su especie, de hecho, era una de tres, una más del pequeño conjunto de tres personas que rebasaban en conocimiento, en sabiduría e inteligencia al resto de un común denominador.

Por ahora, para dar inicio a lo que se desenvuelve en esta historia, el sonido de una campana es nuestro actual foco de atención, para ellos y para mí, Los protagonistas.

Un sonido que irrumpe de forma brusca en la zona auditiva de cientos de estudiantes, arruinando la extrema concentración de los atentos a una explicación, y a la vez, desencadenando la desesperación de los más inmaduros por abandonar las aulas y esparcirse por las instalaciones de aquel recinto estudiantil.

Como yo, Sara y José fueron, posiblemente, los últimos en abandonar sus aulas, Sara siempre estaba almorzando por adelantado en espera de nuestra Aparición, al llegar nos sentabamos a su lado a degustar nuestros almuerzos, ella siempre era la última en terminar, y José siempre dejaba algo en el plato (algo bastante frustrante a decir verdad) razón por la que era constantemente regañado por su hermana mayor, y en ocasiones, por nuestra diminuta amiga castaña.

Nuestro almuerzo siempre era fuera del pequeño laboratorio de la escuela, nos gustaba comer en ese pequeño espacio, era alejado de las algarabías formadas por la inquietud de los alumnos de sexto, las invasiones de espacio de noveno y undécimo en el comedor escolar o las graderías de la única cancha de la escuela, los regaños de la patrulla escolar de décimo grado o el quedar involucrados en algún desastre causado por la inquietud de los inquietos alumnos de séptimo grado. 

Era refrescante estar allí, en una paz protegida por los maestros, que nos tenían en estima por nuestro intelecto superior, y sabían lo difícil que era para nosotros lidiar con el bullicio de los otros estudiantes.

Sara era una niña mimada y consentida por los profesores, nuestra diminuta amiga llevaba siempre consigo un diverso juego de llaves en su mochila, una llave para cada salón en el instituto, ella tenía acceso total a cada cosa que quisiera en cada espacio del plantel educativo. Ahí entramos nosotros, José adora la ciencia, investigar, saber y descubrir, por eso durante el almuerzo, era satisfactorio para nosotros el poder ingresar al laboratorio sin complicaciones, dejarlo ser y ser nosotros junto a el, usar con libertad cada sustancia y mezclarla con otras, evaluar los resultados y registrarlos por nuestra cuenta.

Obviamente éramos precavidos.

Y hablando de precaución, o de nuestro particular odio al bullicio, y quién sabe cuántas cosas más, José siempre se esforzaba por evitar a la gente, errando por su constante tendencia a destacar. El no era como nosotros, el brillaba, era un "nerd" en todo el sentido de la palabra, amante empedernido del estudio y la investigación, pero un inútil para socializar.

José es castaño, al igual que Sara, pero su tono es más oscuro, casi negro, y se veía bastante decente y pulcro; sus ojos eran de una tonalidad almíbar, claros y brillantes, era de facciones pronunciadas, más no bruscas; no había ni una sola pisca de acné en su rostro, era beige de una tonalidad más oscura que la de Sara, pero siempre parecían juntos un par de blancos fantasmas; su anatomía era delgada, no huesuda, era apenas lo suficientemente grueso para lo sano a su edad, sus hombros caían hacia adelante en su andar, bastante estropeado por cierto, pues una de sus rodillas flaqueaba por un peso extra en su cadera, haciéndole cojear. 

José fué mi primer amigo al ingresar a la escuela, lo conocí a él antes que a Sara, y a los tres nos unen una gran cantidad de sucesos no tan impresionantes hasta el momento.

Conservamos pues, una rutina bastante singular, pero para nosotros era cómoda y apropiada.

En esta ocasión no fue distinto, y fué eso lo que nos llevó a no notar que nuestro entorno cambiaba. Ingresamos a la pequeña pero oxigenada habitación, diseñada para el uso de al menos unos 20 estudiantes a la vez. Sara cerró la puerta con el cerrojo especial que la habitación poseía una vez todos entramos, aún en completo silencio, ella era quien alegraba el apagado ambiente que siempre se formaba entre los tres a falta de un tema para iniciar una conversación, era difícil hacer que aquello cambiase.

- Buen día- saludó, ambos reímos por la elegancia fingida en su tono de voz. Ella sonrió con su acostumbrada dulzura, algo que me divertía por el efímero sonrojo que invadía las mejillas de José, y luego de aquel ritual de salutación, nos dispersamos en la habitación, cada cual a hacer lo suyo, en el caso de Sara, ella solo supervisaba lo nuestro, buscando adquirir algún nuevo conocimiento.

Era divertido ver cómo la expresión de Sara cambiaba tanto con solo observarnos, pasaba de estar seria a sorprendida, de sorprendida a curiosa, de curiosa a intrigada, y de intrigada a estar simplemente enfadada, por alguna razón.

A veces yo no lograba entenderlos, ellos eran un mundo juntos, incluso tenían su propio lenguaje, uno bastante lejos de mi alcance. uno que solo utilizaban para comunicarse excluyendome, algo bastante extraño si piensas que a José, lo conocí incluso antes de que el suceso que nos unió a Sara se diera, aproximadamente un año atrás.

Ahora se miraban a los ojos, hablando en silencio, tal vez conversando sobre algo ajeno a mi existencia, lo que nunca pude ignorar realmente, siempre quise formar parte de aquello, ser un amigo del nivel en que José lo era, pero mi forma de ser era tan distante, inconscientemente formé un muro invisible que muchas veces intentaron escalar.

Y cuando se cansaron de hacerlo, solo me dejaron atrás.

Creo que sus conversaciones son científicas hasta cierto punto, o eran simples regaños, la cosa es que mi alcance mental no estaba a su nivel y siempre que quería hablarles o interrumpirles, ambos cambiaban la dirección de sus miradas, afilandolas y apuntandolas hacia mi, talvez con un odio del que ni ellos mismos eran del todo conscientes.

Sin embargo, siempre ignoraré ese tipo de miradas para ser yo mismo, ya me han odiado bastante.

- ya besense- declaré con una sonrisa, a ellos pareció no gustarles mi comentario, por lo que voltearon e hicieron justo lo que yo esperaba, a lo que mi sonrisa se ensanchó- ¿Que?, Si se van a andar comiendo con la mirada, mejor comanse a besos- reí, ellos me fulminaron con la mirada y simplemente me ignoraron, o al menos Sara lo hizo por al menos un par de minutos.

En fin, el silencio incómodo (al menos para mí) dejó de serlo, aun hablábamos de los "sujetos" y su reacción basada en nuestros particulares descubrimientos con respecto a ellos. Uno de los ratones, por ejemplo, tenía una pata morada e hinchada, de la cual salían varias espinas, como trozos de hueso, de los cuales brotaba una extraña y asquerosa baba.

- estos ratones son horrendos- dije con asco mientras sacaba una muestra de uno de ellos, que tenía ojos rojos y lagañosos, además era del triple de tamaño que los otros.

- ¿Te pregunté?- me respondió Sara, yo solo sonreí, esperaba esa respuesta.

- no, pero quería decirlo, ¿Algún problema?- le provoqué, era divertido hacerla enojar...ya saben, para reforzar nuestra amistad... Ella igual se veía tierna.

- ¿Cuál es tu problema estúpido?, El ambiente era más agradable cuando tenías el hocico cerrado- refunfuñó, yo reí y José se masajeó la sien.

- que lastima por ti que me tienes que soportar Sarita, no me voy a callar por tus preferencias- dije burlón y ella gruñó en respuesta.

José colocó una mano sobre mi hombro para llamar mi atención, cosa que logró al instante, luego me dedicó una mirada inquisitiva y me regañó con una única palabra.

- Angel...- 

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❝主人公❞

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Aquí acaba el primer capítulo de esta historia original, completamente de mi autoría, espero la disfruten y entiendan que esto es una obra de completa ficción compuesta por múltiples ideas de un grupo de personas y no únicamente mías, por lo que de vez en cuando las cosas se verán algo extrañas para el concepto.

Gracias por leer 

  ♔-  ⃟ ⃟𝐐𝐮𝐞𝐞𝐧❞⸙°~


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